sábado, 22 de marzo de 2014

Juan Ramón Barat- Poeta y escritor






Juan Ramón Barat escribe poesía, teatro y novela. Su público no puede ser más variado; escribe para niños y mayores. Entre sus obras poéticas destacan: Breve discurso sobre la infelicidad (Premio Leonor) o Malas compañías (Premio Blas de Otero). En 2013 ganó el XVII Premio Ciudad de Salamanca por su obra El infierno de neón. 

Enrique Gambín López- ¿Cómo se define?

Juan Ramón Barat- Intento ser una persona sencilla y vivir con alegría. Trato de hacer la vida fácil a los que me rodean, ser positivo en todo y dar sin exigir nada a cambio.

E.G.L.-  Un actor y una actriz:

J.R.B.-Es difícil, pero lo intentaré: Charles Chaplin y Kate Beckinsale.

E.G.L.- Una película:

J.R.B.-Cinema Paradiso.

E.G.L.- Una obra:

J.R.B.- Si hablamos de pintura, El jardín de las delicias, del Bosco. Si hablamos de arquitectura, la catedral de Milán. Si hablamos de música, La flauta mágica. Si hablamos de teatro, Esperando a Godot. Si hablamos de ensayos: El míto de Sísifo, de Camus. Si hablamos de gastronomía, la paella.

E.G.L.- Un autor:

J.R.B.- Salvar a uno es imposible, pero yo me quedo con Hermann Hesse.

E.G.L.- Es poeta, escribe novelas, obras de teatro. ¿Cuál es el género que más le gusta como escritor y como lector?

J.R.B.- Sinceramente, y no es un tópico, me gustan los tres por igual. Es como si me preguntaran: “¿Cómo te gustan más los huevos?”. Pues en realidad, me gustan fritos, en tortilla, cocidos y revueltos. No sabría decir. Una vez le preguntaron al rey Carlos I qué idioma prefería: español, alemán o italiano. El rey respondió: El alemán para hablar de la guerra, el italiano para hablar de amor, el español para hablar con Dios. Yo diría: la poesía para hablar de sentimientos, la novela para contar historias, el teatro para pasármelo bomba.

E.G.L.- Además de cultivar géneros para adultos en numerosas ocasiones ha osado prodigarse por el mundo de la literatura infantil, literatura a la que el canon mantiene al margen, pero sin duda vemos muchos escritores que lo han cultivado magistralmente…

J.R.B.- Sí. Me gusta escribir también para gente joven. Es muy divertido y a la vez muy difícil. Yo creo que los niños no son tontos y que hay que hablarles como a seres inteligentes. Por esa razón, no es fácil. Para mí, supone un reto.

E.G.L.- Estudió Filología clásica y su gusto por lo clásico queda patente en su obra. Escribió nada menos que una versión del Anfitrión de Plauto. ¿Cree que la literatura sería de más calidad si se dejara un poco el barroquismo en el que parece que nuestra época está inmersa y volviéramos nuevamente a la inspiración clásica?

J.R.B.- Yo creo que debemos conocer nuestro pasado, saber quiénes somos de dónde venimos para saber a dónde vamos. Un escritor debe conocer las grandes obras de la literatura, haber leído a los maestros clásicos, estar familiarizado con los tópicos, los mitos, los grandes temas, las corrientes… Solamente el que conoce el material con el que trabaja puede crear algo serio. No se puede crear desde la nada. Es imposible. No venimos del vacío.

E.G.L.- Usted demuestra que la sencillez no está reñida con la buena poesía. ¿Cree que si la gente consume poco poesía es porque no la entiende?

J.R.B.- Estoy completamente convencido. La gente no lee poesía porque no la entiende. Y los poetas son bastante culpables de esta situación. No hace falta ser oscuro y hermético para crear buena poesía. Más bien al contrario. Los grandes poetas son clarísimos: San Juan, Garcilaso, Bécquer, Machado… Para mí, la mejor poesía es aquella que se dice con palabras claras, corrientes, con las metáforas justas, y que encima habla de cosas profundas, de los enigmas del ser humano, de las pasiones y frustraciones del hombre… Eso lo entiende todo el mundo.

E.G.L.- Se prodiga siempre que lo llaman por los centros educativos para llevar la literatura a todos ellos, no se limita a permanecer tras la barrera del libro. ¿Cree que los escritores deberían ejercer más esa labor de difusión literaria?

J.R.B.- Yo voy a los colegios e institutos donde me llaman. Eso no es ningún secreto. El año pasado estuve en  más de 80 centros. Me gusta hablar con los chavales, leer poesía, contar anécdotas, explicar cómo se gesta un libro, cómo se escribe un poema, qué hay detrás de una novela… Hay muchos chavales con ganas de aprender.
E.G.L.- Quizá ande desencaminado, pero su obra El infierno de neón (obra ganadora del XVII Premio Ciudad de Salamanca 2013) recuerda un poco a Dante por el título. Es en palabras de Luís Alberto de Cuenca una novela en la que se entrelazan dos mundos. ¿Cómo describiría brevemente esta novela?

J.R.B.- Pues realmente no tiene nada que ver con la Divina Comedia. El infierno de mi novela es un infierno metafórico. Muchas mujeres inocentes se ven obligadas a prostituirse, extorsionadas por las mafias. Esto es una triste realidad. Existe el tráfico de mujeres en nuestra sociedad actual. Todo el mundo lo sabe pero nadie quiere erradicarlo. A lo mejor es que no interesa. Mi novela es una novela de denuncia. Ya veremos qué pasa con la crítica cuando salga a la luz. En la trama de mi novela se entrelazan dos mundos: la vida de un humilde profesor de instituto y el mundo de las redes de prostitución. Inesperadamente, la vida de ese profesor (Matías Vidal) dará un giro de 180 grados, cuando se vea involucrado en un violento asesinato. A partir de ahí, ya nada será igual.

E.G.L.- ¿Está escribiendo actualmente algún libro?

J.R.B.-Por supuesto, siempre estoy tramado algo. Poesía, teatro, novela… Concretamente, estoy pendiente de la segunda parte de Deja en paz a los muertos, novela de misterio, juvenil, que ha tenido mucho éxito. De momento, el título provisional es La sepultura 142. Además, de eso, he concluido dos novelas distintas, una de tipo histórico (Jaque al emperador) y otra en la que hablo de libros y escritores malditos (El clan de los inquisidores). Al margen, tengo otros proyectos, claro está.

E.G.L.- Gracias

J.R.B.-De nada. Hasta la próxima ocasión.

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