lunes, 3 de febrero de 2014

INUTILIDAD DE LA TRISTEZA



Que la pasión no cese,
y los días oscuros
sean preludio fiel
de los comienzos nuevos.
Si el dolor nos acecha,
vendrá sin animarlo.
Hemos de concederle
tan solo lo preciso,
no más de su medida,
aquello que los hombres
no pueden remediar.
El paisaje de luz
que la vida nos brinda,
se arriesga sin demora.
Puede ser este instante
en la tarde de otoño,
que ahora se vislumbra
con ocres y rojizos
brillando entre los árboles.
No solo la belleza
es armonía y gozo,
también la lucha cómplice
con quienes convivimos
y por amor se entregan
a una dicha posible,
que es hoy y no mañana.
Para el ayer el llanto.
            Dionisía García, Señales (El bardo)
 

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