domingo, 20 de mayo de 2012

Dionisia García- Poetisa


Dionisia García, natural de Fuente Álamo de Albacete (1929) y residente en Murcia, es una de las autoras más ponderadas del panórama lírico español. Entre sus obras se puede citar El baho de los espejosEl caracol dorado.  Da nombre al Premio anual de poesía que convoca anualmente la Universidad de Murcia.
Enrique Gambín López- Un valor…
Dionisia García:-La honradez, junto a la inteligencia.
E.G.L.-Su libro favorito…
D.G.- Por citar un libro entre muchos, diré El gran Meaulnes de Alain Fournier, leído en la adolescencia y después.
E.G.L.-Un autor:
D.G.- San Juan de la Cruz.
E.G.L.-Una película:
D.G.- Persona, de Ingmar Bergman.
Una canción:
D.G.- Non, je ne regrette rien, interpretada por Édith Piaf.
E.G.L.- ¿Cómo definiría la literatura, desde su punto de vista personal?
D.G.- Coincido con la definición de la RAE (“Arte de la expresión verbal”), puesto que la literatura verdadera es arte. Obviamente, la valoro y disfruto como lectora. Considero que el ejercicio de autocrítica es saludable, en cuanto a su escritura. Se ha dicho que lo único que justifica la literatura es ese rapto de la emoción poética que se encuentra en las grandes novelas.
E.G.L.- ¿Y la poesía?
D.G.- La poesía, el poema, es un milagro, el “género” literario por excelencia, para entendernos, porque tampoco es un género, sino arte, emoción y belleza, tras un proceso donde la mente es iniciadora. A través del poema damos cuenta de nuestras experiencias personales y del mundo en que vivimos. Sin embargo, la vida es mucho más rica en matices de cuanto podemos decir de ella. Siempre hay algo que escapa a nuestra percepción.
E.G.L.- ¿Cuáles son los autores que marcaron sus inicios como lectora?
D.G.- Desde los comienzos he sido ecléctica, en cuanto a las lecturas, y continúo. Entre los poetas podría citar a Rubén Darío y Becquer; posteriormente, Machado, Rilke, los poetas ingleses, la americana Emily Dickinson… Tempranamente cayó en mis manos el Fausto de Goethe, un enorme volumen ilustrado. Inolvidable Corazón, de Edmundo D’Amicis, y su emocionada lectura en la etapa primera. De una maestra rural supe por primera vez de Homero. Ella recitaba pasajes de La Iliada mientras paseaba por la clase. Mi edad no alcanzaba los nueve años.
E.G.L.- ¿Qué le impulsó a comenzar a escribir poesía?
D.G.- Un carácter introvertido y la observación silenciosa facilitaron el impulso, junto a la lectura. Concretar resulta complicado. Con frecuencia, al tratar de explicar ese “impulso” hacemos literatura, porque es difícil recorrer el camino de la propia sensibilidad…
E.G.L.- ¿A qué edad sintió que la literatura era lo que la llenaba?
D.G.- Escribí los primeros textos a los doce años, unos guiones teatrales, sin más fin que representarlos con chicas de mi edad. Unos años después, no recuerdo si a los quince, apareció el poema. En el año 58 escribí el primer relato. Me planteé publicar mucho después.
E.G.L.- ¿Exige muchas renuncias el camino del poeta? ¿Cuáles le ha exigido a usted?
D.G.- Todo tiempo es corto para crear una atmósfera que propicie la escritura. Si estamos en muchas cosas, el poema huye, incluso si compartimos la dedicación, en un momento dado, con otro tipo de escritura. Dicen que “el poeta ha de estar ocioso”, algo imposible. Digamos que el camino es duro. Con ello hay que contar.
E.G.L.- ¿Qué satisfacciones ha logrado a lo largo de su trayectoria?
D.G.- Sin entrar en valoraciones, el hecho de poseer el impulso de escritura ya es un beneficio en sí. Si los resultados son favorables, en cuanto a lo pretendido, y pueden alumbrar a quien se acerque a lo escrito, la compensación está servida. Por fortuna, opiniones de lectores han servido de apoyo para seguir. El lector es tan importante como el escritor.
E.G.L.- ¿Cuál fue su reacción cuando supo que le había puesto su nombre al Premio de Poesía que concede anualmente la Universidad de Murcia?
D.G.- Creí entones, y creo ahora, que otros poetas eran merecedores de ese honor. Señalé nombres concretos. Ante los hechos, lo acepté como un bien, un reconocimiento. Agradecí a las autoridades académicas del momento, y a la persona que hizo la propuesta.
E.G.L.-Hoy en día… ¿se puede vivir sólo de escribir libros?
D.G.- No es fácil, por la complicación que supone entrar en el mercado. Si el autor se dedica a “gestionar” su propia obra, ésta se verá desatendida. Quizá algunos sepan hacerlo sin perder. Sin duda hay autores, sobre todo en narrativa, que viven de sus publicaciones. En el momento actual, abrirse camino y aspirar al logro mencionado es un reto. Dejar una puerta abierta a la suerte, siempre es esperanzador.
E.G.L.- ¿Qué es lo fundamental para emprender la carrera de escritor, el talento o la suerte?
D.G.- De nada valdría la suerte sin el talento. Importantes, sobre todo, las dotes del escritor. La suerte y la fama son efímeras. Escribir es una tarea digna que merece respeto, y no se puede trivializar con suerte y sin talento.
E.G.L.- ¿Aciertan las peñas huertanas cuando promueven los bandos en panocho?
D.G.- Dado que el panocho es, en su origen, el habla de la huerta murciana, es coherente que el bando nacido de aquellas primeras agrupaciones huertanas utilice el panocho, por hacer patente la tradición y apostar por su permanencia.


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